Cuento de Dos Gobernadores

guerra contra todos los puertorriquenos

 

El dia 12 de mayo de 1898, doce barcos de Guerra y torpederos bombardearon a San Juan por tres horas. El cielo se ennegreció con el humo de los cañones. El faro del Castillo del Moro y la Iglesia de San José, relíquio del Siglo XVI, recibieron repetidos impactos. Treinta mil personas abandonaron al pueblo, aterrorizados.

Unas semanas despues, el Gen. Nelson Miles planteó la bandera norteamericana en Ponce, y declaró que: 

“El objetivo principal de nuestras fuerzas militares sera…el de extender al pueblo de esta isla tan bella, la major medida de libertades.” 

“No hemos venido a hacer la Guerra contra el pueblo de un país que ha sido oprimido durante siglos, sino, por el contrario, a traerles protección, no sola a ustedes pero también a su propiedad, promover su porsperidad, y otorgarles a ustedes las inmunidades y bendiciones de las instituciones liberales de nuestro gobierno…y darles las ventajas y bendiciones de una civilización preclara.”

Gen. Nelson A. Miles

Las “ventajas” y “bendiciones” fueron muy pocas. Inmediatamente despues de la invasion de 1898, la isla fue inundada por oportunistas. En menos de 40 años, estos buitres se apoderaron del terreno y los recursos naturales de la isla – y cualquier Boricua que se opuso fue encarcelado, o tiroteado, o simplemente se “desapareció”.

Repetidamente, el gobierno de EEUU envió cuatro hombres anglosajones para mantener la colonia: el Jefe de Policia, el Tesorero, el Auditor, y el Gobernador. El mas poderoso siempre era el Gobernador, quien empleaba a los otros tres.

CHARLES HERBERT ALLEN – el Rey del Azucar (1900-01)

Charles Herbert Allen

Charles Herbert Allen fue el primer gobernador civil de Puerto Rico. Aunque nunca sirvió en las fuerzas armadas, le encantaba vestirse con atuendos militares y que le llamaran “coronel.”

Llegó a la isla como un conquistador romano, recibiendo un saludo de los cañones navales, de la Banda de la Undécima Infantería y de cientos de hombres de uniforme.

Fue un dia oscuro y lluvioso. Un asistente sostuvo su sombrilla sobre la cabeza de Gob. Allen, durante su marcha el centro de San Juan.

La Fortaleza estaba envuelta como un papel de regalo. Allen pronunció sus discurso inaugural con un transfondo de las banderas americanas más grandes e imperiales que los puertorriqueños jamás habían visto.

Dentro de cuestión de semanas, y con poco asesoramiento y sin supervisión, Allen creó un presupuesto para toda la isla. Tomó por asalto la tesorería de Puerto Rico subiendo los impuestos por hipoteca, reteniendo préstamos municipales y agrícolas, y congelando toda reparación y construcción de escuelas y otros edificios públicos. Desvió el presupuesto insular para subsidiar los sindicatos agrícolas nacionales. Emitió contratos sin subasta a comerciantes estadounidenses y subsidió carreteras construidas por la empresa maderera de su propio padre (al doble del costo).

Mediante su “presupuesto de cuartos oscuros” Allen creó nuevas agencias, oficinas y escalas de salario—todas ocupadas por burócratas estadounidenses. Cuando se marchó en 1901, casi todos los once miembros del Concilio Ejecutivo del gobernador eran expatriados americanos, y la mitad de los nombramientos de Puerto Rico habían ido a visitantes de Estados Unidos – 626 con los salarios más altos.

Pero Allen tenía un plan aún mayor. Estaba oculto a plena luz, como La Carta Robada, el cuento de Edgar Allan Poe, dentro de su primer informe anual al presidente William McKinley.

Primero le escribió:

“Puerto Rico es una bella isla con sus recursos naturales aun por desarrollar, y una población incapaz de asumir el manejo de sus propios asuntos”. 

“El terreno de la isla es admirablemente productivo…tan rico como el delta del Mississippi o el valle del Nilo”. 

“Con capital americano y energías americanas, la labor de los nativos puede ser utilizada para el beneficio duradero de todas las partes”.

Luego Allen apeló a la vanidad y la codicia:

“La introducción de sangre nueva es necesaria, pues cuando el capitalista americano se dé cuenta de que existe una fuente de labor tan acostumbrada al trópico que el retorno de inversión al capital será extremadamente rentable…y querrá venir aquí con su capital”. 

“Puerto Rico es realmente la puerta rica a la riqueza futura…por la indomable economía y laboriosidad que siempre han marcado el camino del anglosajón”.

Finalmente, el gobernador llegó al grano:

“El rendimiento del azúcar por hectárea es mayor al de cualquier otro país en el mundo”. 

“Una cantidad considerable de terreno, ahora mismo dedicado a pastizales, podría ser dedicada a la caña de azúcar”.

“La melaza y el ron, productos incidentales de la caña de azúcar, podrían ser suficientes para pagar todos los costos de los hacendados de caña y dejar el producto de su venta como pura ganancia”. 

“El costo de la producción es $10 por tonelada…más barato que en Java, $11 más barato que en Hawaii, $12 más barato que en Cuba, $17 más barato que en Egipto, $19 más barato que en las Antillas Británicas, y $47 más barato que en Luisiana o Tejas”.

Éste no fue un mero reporte inicial al presidente. Era un plan de negocios para un imperio azucarero, y Allen rápidamente radicó su reclamación. Unas semanas más tarde de haberlo sometido, el 15 de septiembre de 1901, Allen renunció a la gobernación. Entonces se fue directo a Wall Street, donde se incorporó a la Casa de Morgan como vicepresidente tanto de la Morgan Trust Company como del Guarantee Trust de Nueva York. Allí montó el más grande sindicato azucarero del mundo, y los cientos de personas que había nombrado al gobierno de puerto Rico, le proveyeron concesiones de tierras, derechos sobre el agua, servidumbres de ferrocarril, ventas por embargos hipotecarios, y tasas impositivas muy convenientes.

Ferrocarríl de los azucareros de EEUU

Para 1907 su sindicato, el American Sugar Refining Company, poseía o controlaba el 98 por ciento de la capacidad de procesar azúcar en Estados Unidos y se conocía como el Fideicomiso de la Azúcar.  En 1910 Allen ya era el tesorero de la empresa, en 1913 su presidente, y en 1915 estaba en su Junta de Directores. Hoy día esa compañía se conoce como Domino Sugar.

GENERAL BLANTON WINSHIP –  el asesino (1934-39)

Gen. Blanton Winship

Dentro de pocos años, Puerto Rico comenzó a dudar la “benevolencia” de EEUU. El pueblo se preguntó…come fue que perdieron su propia tierra, a los bancos de Nueva York y Washington, DC? No entendían como es que trabajaban 12 horas al dia, 60 horas semanalmente, y sus familias todavía no tenían de que comer.

Con tanto desespero, en 1934, una huelga agrícola envolvió la isla entera. Los obreros se negaron de trabajar por 75 centavos al dia.

Obreros de la caña, en huelga en Yabucoa

Las corporaciones estadounidenses se alarmaron tanto, que formaron “El Comité de Mil Personas para la Preservación de Paz y Orden.”

Estos le envian un cable al Pres. Roosevelt, diciendo que “Estamos en estado de anarquía. Pueblos y negocios paralizados, policía inutil. El Pres. Roosevelt respondió en forma military: este designó un general del ejercito, Blanton Winship, como gobernador de Puerto Rico. 

LA POLICIA SE CONVIERTE EN UNA AGENCIA MILITAR 

Desde el primer momento, Winship militariza la isla entera: iniciando la construcción de Roosevelt Roads Naval Base, y entrenando a la policía insular como si fuesen soldados.

General Winship visita la marina en Roosevelt Roads

Todos los cuarteles recibieron ametralladoras y rifles automaticos. Este general entendía muy poco de economía o procedimiento parlamentario – pero si entendía el uso de fuerza y terror.

Pres. Roosevelt no lo envió para “negociar” con los isleños. La misión de Gen. Winship era el aplasto de huelgas, y la exterminación de los Nacionalistas. Esto sucedió casi inmediatamente, en Rio Piedras.

Policía con su ametralladora, cortesía de Blanton Winship

LA MASACRE DE RIO PIEDRAS

El dia 24 de Octubre, en 1935, la policía de Winship rodea el recinto de UPR Rio Piedras, para “asegurar una reunión pacifica” de estudiantes. Pero en ves de “mantener la paz,” ellos fusilaron a tres Nacionalistas y a Juan Muñoz Jimenez, un infelíz que estaba comprando un billete de lotería.

Cuatro días despues de la masacre, el Jefe de la Policía, E. Francis Riggs declaró a toda la prensa de Puerto Rico, que si Albizo Campos y los Nacionalistas persistían en su “agitación política,” el estaba dispuesto a infligir:

“Guerra contra todos los puertorriqueños”.

ELIAS BEAUCHAMP and HIRAM ROSADO 

El dia 23 de febrero, 1936, dos Nacionalistas – Hiram Rosado y ERlias Beauchamp – fueron arrestados y arrastrados al cuartel de San Juan. Dentro de una hora, la policia los ejecutó en el cuartel.

Elias Beauchamp ofrece su ultimo saludo, antes de ser ejecutado

Una foto de Hiram Rosado, ya muerto en el cuartel, apareció en todos los periódicos. La prensa reportó que antes de ser ejecutado, Rosado les dijo “Disparen para que vean como muere un hombre”.

Hiram Rosado, muerto en el cuartel

Esa misma noche de Febrero 23, dos otros Nacionalistas – Angel Mario Martínez y Pedro Crespo – fueron asesinados por la policía en Utuado.

El día siguiente, de todas partes de la isla, miles de simpatizantes viajaron a San Juan para el velorio de Rosado y Beauchamp. Winship intentó a obstacularlos, pero habían demasiados de Boricuas y no pudo.

En los servicios funerales, Don Pedro Albizu Campos declaró:

“El asesinato en Rio Piedras fue su obra personal…el General Blanton Winship quien ocupa La Fortaleza. Esto fue un asesinato frio y calculado, para perpetuar un gobierno criminal.”

LA POLICIA ATACA

Inmediatamente despues de asesinar a cuatro Nacionalistas (Beauchamp, Rosado, Martinez y Crespo) el General Winship desplagó un reino de terror en toda la isla. El dia 25 de Febrero, 1936, el convocó una rueda de prensa, para demander la penalidad de muerte en Puerto Rico.

Entonces sucedió la Masacre de Ponce.

LA MASACRE DE PONCE

La Masacre de Ponce sucedió el dia Domingo de Ramos en 1937. Aquí se puede ver un imagen de la tragedia:

La policía de Winship rodearon a todos los hombres, mujeres y niños. No hubo ningun modo de escape. Una docena de policías con ametralladoras “.50 Tommy Gun” dispararon por mas de diez minutos. 

Al final, la calle se cubrió con sangre y cadavers. 17 hombres, mujeres y niños murieron ese día, y mas de 200 fueron gravemente heridos. Todo esto sucedió bajo las ordenes del Gobernador Winship. 

Descaradamente, Winship acusó a las propias victimas de haber causado la masacre. Winship alegó que francotiradores Nacionalistas habían disparado a la policia. Pero la foto anterior comprobó que Winship estaba mintiendo, y que la policia había  conducido un MASACRE. 

El Presidente Roosevelt no revocó el puesto de Winship, porque no quería admitir que el imperio EEUU estaba violando los derechos humanos en Puerto Rico. Pero en el día 11 de mayo, 1939, el congresista Vito Marcantonio declare en el congreso de EEUU:

“La tiranía de Winship esta negando los derechos civiles al pueblo de Puerto Rico. La corrupción, el robo, y el malgasto de nuestro dinero public…todo esto la ha hecho Blanton Winship!” 

El día siguiente, Pres. Roosevelt terminó el oficio de Winship en Puerto Rico. 

Al largarse de Puerto Rico, Winship intentó a representar las corporaciones y syndicatos azucareros en Puerto Rico, abogando en Washington, DC en contra de un sueldo mínimo en Puerto Rico. Pero otra vez, el congresista Vito Marcantonio lo frenó.

Al final, el Gen. Winship nunca fue inculpado por sus asesinatos en Puerto Rico. Al contrario, en su ultimo oficio, Winship fue un fiscal en el Juicio de Nuremberg (the Nuremberg Trials).

Comisión sobre los Nazis, Washington D.C.
El Comisionado Winship es el tercero de la derecha.

La hipocresía de instalar a Blanton Winship como un “fiscal” o un “juez” de los crimenes de los Nazis, es un buen resumen del “buen gobierno” que EEUU ejerció en Puerto Rico. 

Charles Herbert Allen y Blanton Winship sirven como ejemplar del desfile de desgraciados que los EEUU enviaron a gobernar sobre Puerto Rico. Casi todos buscaron su fortuna, robaron dinero publico, chuparon la vida de la isla…y nadie los disciplinó. 

Hoy en día, se reconoce que cuando Gen. Nelson A. Miles invadió a Puerto Rico en 1898, y prometió las “ventajas” y “bendiciones” de su “civilización,” el general perpetró una gran fraude.

Lo que trajo a la isla fueron mentiras, abuso y tristeza.